The Foreign Born in the United States
February 7th, 2013
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Luego de la transición viene la alarma
January 23rd, 2013
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Aquí comparto mi más reciente columna, que se enfoca en la transición política en Puerto Rico, las microempresas y algunos pactos diabólicos que se deben evitar. El texto fue publicado en la Revista Negocios del periódico El Nuevo Día.
Luego de la transición viene la alarma by deepakln
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“…the work I did is the work I know, and the work I do is the work I don’t know.”
October 7th, 2012
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You write for hours. You try to find the right music. You sample a bunch of stuff. You read about Philip Glass. You listen and learn—brain expands. You find out about Rework. Listen to an amazing track by Beck.
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Una conversación tierra adentro
August 20th, 2012
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Aquí les dejo una copia de mi reciente columna publicada en la Revista Negocios del diario El Nuevo Día. El texto se enfoca en mi intervención durante una sesión de diálogo auspiciada por la Fundación Agenda Ciudadana.
Una conversación tierra adentro
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El reto transnacional
June 7th, 2012
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Casi cinco años después de que comenzó nuestra más reciente y profunda recesión económica, en marzo de 2011, la oficina del Censo de los Estados Unidos anunció que Puerto Rico y Michigan eran las únicas dos jurisdicciones que habían registrado una fuga poblacional entre el año 2000 y el 2010. Más sal para nuestras heridas, cortesía de la metrópoli. La noticia tomó a pocos por sorpresa pues ya existía un caudal de anécdotas y reportajes que reseñaban la partida de boricuas hacia viejos y nuevos destinos, mayormente hacia el sur de los Estados Unidos. Casi todas las historias compartían un pie forzado: la crisis socioeconómica, el miedo a la incertidumbre y el desencanto con el desbarajuste gubernamental obligaron a la huida del terruño. Según datos del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, entre los años 2005 y 2009 el cuadro demográfico de la isla se complicó aún más. Muchos jóvenes con varios diplomas empacaron sus maletas para salir mientras que arribaron algunas personas de mayor edad con menos educación e ingresos.
Aunque no causaron asombro, los datos han propiciado una avalancha de opiniones improvisadas y desacertadas, algunas enfocadas en predecir la suerte de una isla con un panorama desgarrador y otras que demuestran una incomodidad con los ausentes que raya en el desprecio. Las observaciones más pronunciadas entre los comentaristas apocalípticos se enfocan en “la fuga de cerebros” y cómo se agudizará la crisis actual ante la creciente salida de las mentes más productivas. Si bien parte del argumento encuentra validez entre algunos expertos del desarrollo, lo que más le preocupa a los ilustres críticos locales son las consecuencias que crea el vacío: vivir rodeados de descerebrados, en una especie de “gueto de viejos y pobres”.
En el campo de los fieles a la patria, se enfilaron los cañones hacia los que traicionaron el llamado a no abandonar el barco empantanado. Los que salieron, según reza el credo, claudicaron. Su deber era enfrentar la crisis, al Estado y a los narcomaleantes, y ante todo, no ceder a las tentaciones y falsas promesas del imperio. Bajo esta lógica, quedarse es sinónimo de compromiso. Trasladarse es dejarse engatusar y luchar desde otra latitud es lo mismo que avanzar causas ajenas que contribuyen al proceso irremediable de asimilación sociocultural y política. Para colmo, el regaño viene con un tapabocas. Criticar desde “afuera” no está permitido a menos que el análisis contenga citas directas y notas al calce. Sólo los comprometidos viven la realidad, y no son tan ingenuos como los que se informan vía Facebook y leen los periódicos on-line.
Ciertamente, hay profesionales de la salud, policías, maestros, ingenieros y otros obreros que se han ido de la isla porque consideran que los empleos y las oportunidades son escasas. También hay un buen número de migrantes acomplejados a los que les cuesta poco ser una mala copia del ugly American. Sin embargo, más allá del tufo elitista y el nacionalismo trasnochado de algunos comentaristas, en ambos bandos se evidencia un entendimiento muy limitado de los procesos migratorios y las dinámicas transnacionales que se han ido forjando por más de medio siglo.
Como nos ha explicado tantas veces el profesor Jorge Duany, Puerto Rico es una “nación en vaivén”. Lejos de ser un fenómeno unidireccional, la migración puertorriqueña ha contribuido a la creación de redes poderosas que potencian dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales entre los que se quedan y los que se van. Además, son muchos los que atraviesan la “puerta giratoria” llevándose y trayendo ideas, contactos, oportunidades de negocios y diversas formas de entender y analizar problemas. Un ejemplo interesante de esto es CienciaPR, una red internacional de científicos—con casi 6,000 miembros, mayormente vinculados con Puerto Rico—que busca abrir canales de colaboración e información, y promover la investigación y el desarrollo “del archipiélago puertorriqueño”. Igualmente, hay casos de comunidades marginadas que intercambian estrategias y modelos de resistencia transnacionalmente. Entre los vecinos de las ocho comunidades aledañas al Caño Martín Peña y los residentes del Dudley Neighborhood en Boston— muchos de ellos puertorriqueños y dominicanos de escasos recursos—se tienden lazos de colaboración y solidaridad para luchar contra el desplazamiento y se han compartido lecciones que influyeron en la creación del primer fideicomiso comunitario de tierras en la isla.
Lejos de ser desertores, muchos de los migrantes de ahora y de antaño contribuyen sustancialmente a los debates sobre el futuro desarrollo de Puerto Rico y de las comunidades donde residen. Sin embargo, y a diferencia de muchos países con grandes flujos migratorios, estos eslabonamientos se dan sin el apoyo del gobierno y la clase política de Puerto Rico. Tal parece que todavía asocian la migración con la exportación de mano de obra excedente—una supuesta válvula de escape ante el deprimente mercado laboral—o temen que las tristes historias de los nuyoricans y floriricans, quienes han vivido el discrimen y múltiples injusticias bajo el manto protector de la estadidad, acaben con los mitos y embustes que forman parte de su discurso ideológico.

A pesar de nuestra larga historia migratoria, nos falta mucho por aprender sobre las posibilidades y retos que nos presenta el tránsito transnacional. Valdría la pena examinar las pistas que nos han dejado las recientes elecciones dominicanas. Desde el 2004, los dominicanos en el exterior han tenido la oportunidad de escoger al Presidente de la República. En las pasadas elecciones, además de votar por el jefe del Estado, por primera vez tuvieron la oportunidad de seleccionar a siete representantes de ultramar. Los elegidos, en su mayoría del partido de la oposición, representarán y legislarán a favor de la diáspora en el Congreso Nacional.
Muchos dentro y fuera de la República Dominicana consideran que estas disposiciones son migajas clientelistas de un Estado manipulador que intenta embaucar a los ciudadanos en el exterior. No obstante, el hecho de que exista cierto grado de apertura hacia los migrantes en el terreno electoral dominicano nos debe servir como una invitación a pensar en lo posible, en nuestro desafío trasnacional boricua.
El autor es estudiante doctoral en MIT e investigador del Centro para la Nueva Economía.
Nota: Una versión de esta columna apareció publicada en la Revista Negocios de El Nuevo Día bajo otro título.
Tags: desarrollo económico · Dominican Republic · migración · Puerto Rico · transnational lives2 Comments
Luis Miguel y el amargue: una vaina bien
February 19th, 2012
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A eso de la medianoche, los ánimos se habían calmado. El deejay bajaba el volumen de la música, los presentadores ocupaban la tarima y la bulla que llenaba el auditorio se apaciguaba. Mientras se ofrecían los anuncios protocolares de bienvenida y agradecimiento, los músicos hacían su entrada vestidos con un uniforme sencillo: camisa morada de botones y pantalones blancos. Un sound check improvisado se antepuso al libreto de los maestros de ceremonia: “Queremos invitar a todos aquellos que quieran trabajar por su campo, a que se unan al Movimiento para el Desarrollo de Boca Canasta… Les pedimos disculpas por la tardanza, pero hubo un incidente afuera con la policía de Boston.” Mientras, el hábil sonidista ajustaba los selectores de la consola y les hacía señales a los músicos.
En un par de minutos, se acabaron las excusas y los anuncios. Dos o tres comentarios más, unas felicitaciones de cumpleaños y varios aplausos después, dieron la señal del comienzo del concierto. El cambio de voz del maestro de ceremonia fue notable: “Bueno, el artista invitado ha representado a la República Dominicana internacionalmente…” Los datos y las referencias ofrecidas incluían primicias en Panamá y reconocimientos como embajador musical: “…el rey de la bachata en Europa”. Luego, “con ustedes…” El cantante salió de una puerta lateral que servía como entrada a una covacha o camerino improvisado. Venía acompañado por dos señores afroamericanos entrados en años y vestidos de security: gritería y aplausos. Un marullo de gente se aproximó a la pequeña tarima, pues hacía su entrada triunfal Luis Miguel del Amargue.
Mi primer encuentro con la música del exponente de Azúa ocurrió hace más de dos años, en Villa Sombrero, un municipio dominicano sureño que no dista mucho del pueblo natal de Luis Miguel. A eso de las cuatro de la tarde, sin falta, comenzaba el festín musical en La Fama, un colmadón de esquina localizado a menos de 100 metros de mi habitación. No había escapatoria. El rugido de las bocinas era ensordecedor, las canciones se filtraban por todos lados y como cada establecimiento tenía su oferta, el campo entero se bañaba con los éxitos del catálogo musical caribeño. Hasta ese momento, pensaba que el merengue era el sonido popular quisqueyano. Mis experiencias en fiestas de marquesina, festivales playeros boricuas y la desconexión física e intelectual con la Hermana República, me tenían engañado. Al poco tiempo de haber llegado a la región de Baní, descubrí que la bachata está a otro nivel y no tiene competencia. De vez en cuando se escuchaban merengazos, temas salseros, y uno que otro número de reggaetón, pero las voces afinadas y letras románticas de El Chaval, Zacarías Ferreira, Luis Miguel del Amargue y Raulín Rodríguez, entre muchos otros, me acompañaban casi todo el tiempo.
Hacer buena música del llanto de una guitarra no es algo fácil, pero los buenos bachateros saben sacarles los mejores gemidos a seis cuerdas. Antes de que Luis Días, Sonia Silvestre y Juan Luis Guerra rompiesen el hielo comercial con sus tecnobachatas en los ochenta y tempranos noventa, los sacerdotes de la cultura argumentaban que el género era bajuno, cosa de campesinos sin refinamiento, algo así como un reperpero musical indecente. Algunos exponentes trataron de lavarle la cara llamándole música del amargue, pero el término “bachata” resultó ser demasiado completo: representaba adecuadamente la cadencia pegajosa, las letras de doble sentido, los temas de desamor, pobreza y explotación, y los juntes improvisados de fin de semana donde se cantaba y bailaba hasta el amanecer.
La migración dominicana del campo a la ciudad, y luego a Norteamérica o Nueba Yol, ayudó a elevar el arraigo del género entre las masas dominicanas y latinas. Aún cuando no gozaba de popularidad en la radio, según cuenta Deborah Pacini Hernández en su libro Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music, los discos más vendidos en la Avenida Duarte, uno de los corredores comerciales más importantes de Santo Domingo, eran los que derramaban amargue. Antes de la llegada de Bachata Rosa en el 1990, una de las producciones más importantes de Juan Luis Guerra que marcó un momento importante en el avance comercial de la bachata, había que adentrarse en los barrios populares o en alguna barra de campo para disfrutar del sentimiento bachatero en vivo. Cuentan que sólo una estación, Radio Guarachita, se atrevía a sonar las canciones que quería escuchar la mayoría de los dominicanos.
Cuando le pregunté a Danny, uno de mis padrinos en la comunidad dominicana de Boston, por qué la bachata no estaba tan pegá como el merengue en aquel entonces, me explicó: “Era una música de burdeles, hablaban de vicios, puñalás, romo, cuernos, y esas cosas”. En un país marcado por la represión y la dictadura, donde el estado y las vacas sagradas de la cultura intentaban blanquear y reprimir las manifestaciones y el sentimiento del sandungueo proletario y campesino, no había espacios oficiales para los temas cubiertos por intérpretes como Marino Pérez. En “El dado y el vironay”, Marino cuenta: “He dejado la pelota, el dado y el vironay… pero el ron y las mujeres, yo no lo puedo dejar… pero no, no, no lo puedo dejar.” Algunas mujeres también expresaban sus deseos sin reparo. Mélida Rodríguez, considerada una de las voces más poderosas del género, cantó temas que iban directo al grano como “Esta noche me quiero emborrachar”, “La trasnochadora” y “Seguiré bebiendo”. En este último dice: “Déjenme beber hasta que muera, no se metan en mi vida por favor, el licor puede acabar las penas que está sufriendo mi pobre corazón.…”.
Hoy en día, éxito comercial de la bachata y el apego de su público apuntan hacia un nuevo capítulo en la historia musical dominicana. Usher y Romeo —una dupla potente que junta al rey del R&B y a un ex integrante de la súper banda neoyorkina Aventura— cantan bachata en inglés y español, mientras su sencillo, Promise, llega a la cima de los éxitos latinos. Lejos de ser música de burdel y zafios, el género ha sido aceptado entre las nuevas generaciones de migrantes y parte del mainstream.
Para muchos en la diáspora dominicana, la bachata todavía cuenta historias de vidas muy cercanas a las suyas. Las horas largas trabajando en una cocina, estibando en las bodegas, paleando nieve o corriendo un negocio lejos de su terruño se asemejan a los pesares de una relación tormentosa o que ya llegó a su fin. Cualquier oportunidad para desconectarse del ritmo de las ciudades duras y enchufarse con su pareja en un meneo intenso y amenizado por un ritmo de Quisqueya es bienvenida.
En la fiesta de Luis Miguel del Amargue, la trascendencia temática y geográfica de la bachata era evidente. Los banilejos botaban el golpe de una dura semana de trabajo en Nueva Inglaterra mientras el intérprete los complacía con canciones que casi todos entonamos juntos: “De rodillas te pido”, “Se acabó lo bonito” “Abrázame amor” y “Teléfono ocupado”, entre varias otras. La pista de baile se llenó con parejas que parecían haber nacido para mantenerse en ritmo con sus pies y caderas. La sincronía entre cuerpos carnosos y los sonidos, la entrega al sentimiento de cada canción y las gotas de sudor que cargaban aromas de colonia y distintos tonos de maquillaje, mostraban el poder de la música y la gracia del vocalista. Con sus skinny jeans más o menos bien puestos, su recorte estilo mohawk y acompañado por más de diez músicos que lograron llenar una gran logia masónica de Roxbury, el azuano nos recordó que el amargue es un tema universal.
Nota: Esta columna se publicó previamente en 80grados.net
Tags: Aventura · Bachata · Baní · Boca Canasta · Boston neighborhoods · ethnography · República Dominicana · Villa SombreroNo Comments.
Estación llamando a tierra
February 19th, 2012
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Aunque esta columna salió publicada hace un tiempo en El Vocero, me pareció necesario compartirla por aquí. Como siempre, sus comentarios son bienvenidos.
Tags: agricultura · desarrollo económico · ecológica · Puerto RicoNo Comments.
Recordando a la División de Educación de la Comunidad de Puerto Rico (DivEdCo)
July 31st, 2011
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En 1949, el Gobierno de Puerto Rico creó la DivEdCo para poner en marcha una serie de programas educativos que atendiesen algunas de las necesidades de las masas populares—mayormente pobres y de origen rural—y fomentasen la autogestión comunitaria bajo una lógica desarrollista y modernizadora. Considerado uno de los esfuerzos de educación popular más originales en el Caribe y Lationoamérica, la DivEdCo contó con las aportaciones de algunos de los más importantes artistas del patio en el siglo XX. Entre sus productos más conocidos están los carteles, las películas y los folletos que se utilizaban para difundir los mensajes que, según el entonces gobernador, Luis Muñoz Marín, ayudarían a fomentar un sentido de comunidad y apoderamiento entre los más necesitados. Existen numerosos estudios sobre la división, que llegó a su fin en el 1989, y cuyos trabajos han sido recordados a través de numerosas exhibiciones de sus carteles y películas.
Desde hace tiempo andaba buscando los cuadernillos que se produjeron y difundieron masivamente por los campos y algunas urbes boricuas. Si bien los filmes y afiches han gozado de una popularidad constante, los textos parecen no haber tenido la misma suerte. Aunque me habían contado sobre los escritos, redactados por varias plumas talentosas, no lograba dar con una copia. Mi suerte cambió hace unos días cuando visité a Lucilla Fuller Marvel, una de las planificadoras comunitarias más importantes y respetadas en Puerto Rico, y tuve acceso a su biblioteca personal que incluye diversos documentos importantes y difíciles de encontrar. Mientras buscábamos materiales sobre Río Piedras para un curso que estaré facilitando en MIT, Lucilla identificó varios de los viejos folletos de la DivEdCo, y me contó que dio con ellos mientras visitaba una agencia gubernamental. Aparentemente, los folletos ocupaban demasiado espacio, o ya no resultaban ser tan útiles para los designios de la burocracia local, y un funcionario se los cedió. Pasé buen tiempo examinando los ejemplares rescatados y me topé con un par que logré tomar prestado con la promesa de devolverlos intactos.
Pensé que lo mejor sería pasarlos por un escáner y compartirlos. Quizás alguno de ustedes tiene acceso a otros ejemplares y se anima a colgarlos. A lo mejor podemos comenzar un intercambio virtual que nos sirva para rescatar estas joyitas de antaño. Espero que las disfruten.
El primero explica la misión de la DivEdCo y resalta algunos de sus logros. Es una especie de folleto promocional publicado por la RCA International, compañía norteamericana que suplió equipos para la producción de los materiales didácticos.
El segundo es uno de los “Libros para el pueblo” que se publicaron bajo la DivEdCo. En Nuestros problemas, se cuentan dos historias cortas que resaltan la importancia del trabajo y apoderamiento comunitario. Una de las historias, El puente, también se llevó a la pantalla grande.
Tags: desarrollo comunitario · desarrollo económico · DivEdCo · Puerto Rico15 Comments
Desastres urbanos y buenas intenciones de planificación
July 1st, 2011
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Aquí les dejo una columna que me publicaron hoy en El Vocero. En el texto, aprovecho para reseñar brevemente el libro reciente de Joe Flood, titulado The Fires: How a Computer Formula, Big Ideas, and the Best of Intentions Burned Down New York City-and Determined the Future of Cities, y lanzo una crítica a las “buenas intenciones” de algunos planificadores isleños. Sus impresiones, comentarios y sugerencias son bienvenidas.
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Here’s my latest newspaper column, which was published in El Vocero, one of Puerto Rico’s dailies. In the text, I briefly review Joe Flood’s newest book on fires, planning in NYC and the perils of the Bronx, and offer a critique on the “good intentions” of some planners in the island. The note is in Spanish, so now would be a good time to brush up your lingual skills. As always, your analysis, comments and suggestions are most welcome.
Desastres Urbanos y Buenas Intenciones de Planificación
Tags: Bronx · desarrollo · New York City · planificación · Puerto RicoNo Comments.


